La UAH aborda el suicidio desde una mirada humana en tres jornadas para entender el «sufrimiento silencioso»

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El Salón de Actos del Rectorado de la Universidad de Alcalá (UAH) será, durante tres tardes de diciembre, un lugar donde detenerse a mirar de frente un fenómeno que suele permanecer fuera de foco. Hablar del suicidio, hacerlo con rigor y sin alarmismo, es el propósito de las jornadas «Afrontando la realidad del suicidio: El sufrimiento silencioso», una iniciativa que busca ampliar la conversación pública sobre un problema de enorme impacto social y todavía rodeado de tabúes.

Aunque las cifras provisionales del Instituto Nacional de Estadística muestran un descenso del 6,6% en los fallecimientos por suicidio en 2024 respecto al año anterior —3.846 casos—, la caída es apenas un respiro en una tendencia que llevaba años al alza. Bajo esos datos laten historias personales, entornos vulnerables y silencios prolongados. Ese es el punto de partida que ha llevado a la UAH a estructurar tres encuentros que combinan análisis académico, experiencias profesionales, recursos culturales y espacios de diálogo.

Un fenómeno complejo que exige interpretaciones amplias

Los expertos insisten en que el suicidio rara vez responde a una sola causa. Es el resultado de capas acumuladas: crisis vitales, traumas previos, aislamiento, dificultades económicas prolongadas. La pandemia añadida al desgaste emocional de estos años ha intensificado muchos de esos factores, especialmente entre jóvenes y personas en situación de vulnerabilidad.

La directora de Promoción de la Salud Mental y el Cuidado Emocional de la UAH, Inmaculada Rodríguez, subraya que normalizar la petición de ayuda es imprescindible para reducir el estigma. La prevención, recuerda, comienza mucho antes de que una persona llegue a una consulta. Se construye en el hogar, en la escuela, en los entornos laborales y en las comunidades, donde el acompañamiento temprano permite identificar señales que, de otro modo, podrían pasar inadvertidas.

La adolescencia, una etapa especialmente sensible

Los organismos internacionales vienen alertando desde hace años del impacto del suicidio entre los más jóvenes. En 2021, fue la tercera causa de muerte entre los 15 y los 29 años, según la Organización Mundial de la Salud. En España, los datos de la línea 024 indican que los adolescentes de 15 a 19 años concentran casi uno de cada cinco chats atendidos. Las presiones académicas, el acoso escolar, los conflictos en casa o dudas relacionadas con la identidad sexual aparecen entre los factores que más se repiten en estos casos.

Esta realidad ha llevado a la UAH a subrayar la importancia de reforzar los espacios de escucha y apoyo. El Servicio de Atención Psicológica del Centro Universitario Cardenal Cisneros o la reciente red de Puntos de Escucha —profesorado formado para detectar situaciones de malestar y orientar a los estudiantes— son parte del mapa de recursos que la institución pone a disposición del alumnado.

Cultura, imágenes y palabras para explicar lo que cuesta explicar

Las jornadas proponen un enfoque interdisciplinar que incorpora el lenguaje artístico como herramienta para expresar lo que a veces resulta difícil poner en palabras. La primera sesión, el 2 de diciembre, comenzará con una visita a la exposición «Jaula y Vacío», del fotógrafo David Arribas, instalada en el Patio de Santo Tomás de Villanueva. Sus imágenes, centradas en la representación visual del sufrimiento emocional, servirán como punto de partida para una mesa redonda sobre comunicación y formas de hablar del suicidio.

El 9 de diciembre, el protagonismo será para el movimiento asociativo y los recursos comunitarios. La mesa redonda «Asociacionismo y prevención del suicidio» explorará el papel de colectivos ciudadanos, entidades de apoyo y servicios de intervención temprana. La intención es mostrar el alcance del trabajo que estos grupos realizan, así como los vacíos y desafíos que siguen afrontando.

La última jornada, el 16 de diciembre, girará en torno al documental «El estigma del silencio», que abordará testimonios y experiencias reales. Tras la proyección, un coloquio permitirá profundizar en los retos de la prevención y en la importancia del acompañamiento emocional continuado.

Más allá de la programación puntual, las jornadas pretenden sostener la conversación en el tiempo. La universidad ofrecerá certificado de asistencia a quienes acudan a las tres sesiones y la posibilidad de obtener un crédito ECTS para el estudiantado que complete un breve trabajo de evaluación posterior.

En un contexto social en el que hablar de suicidio sigue generando incomodidad, la UAH busca abrir un espacio seguro donde hacerlo sin prejuicios. La prevención, insisten los organizadores, es un proceso colectivo y continuo que se construye desde la escucha, la información y la capacidad de reconocer el sufrimiento ajeno. Estas jornadas no pretenden cerrar ningún debate: aspiran a mantenerlo vivo.

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