- La manifestación, convocada por la asociación Alcalá Entiende, recorrió el centro histórico de la ciudad bajo el lema «Somos la historia que no podrán borrar».
- La marcha se desarrolló entre consignas reivindicativas, música y una fuerte presencia vecinal y sindical, con momentos de tensión aislados.
Eran las siete de la tarde cuando los primeros tambores comenzaron a sonar en la plaza de los Cuatro Caños. Allí, decenas de personas aguardaban el inicio de una nueva edición de la Marcha del Orgullo LGTBIQ+ de Alcalá de Henares, una cita ya consolidada en el calendario social de la ciudad complutense. Poco a poco, la plaza fue llenándose hasta alcanzar el centenar de asistentes, a los que se fueron sumando más durante el recorrido.
Bajo el lema «Somos la historia que no podrán borrar», la manifestación avanzó por la calle Libreros y la calle Mayor hasta desembocar en la plaza de los Santos Niños. Allí se leyó un manifiesto doble cargado de emotividad y denuncia. La frase que abría la pancarta principal, convertida en consigna central, hacía alusión a la memoria colectiva de un movimiento que no se resigna a retroceder.
La marcha, organizada por la asociación Alcalá Entiende, estuvo arropada por colectivos sociales, sindicales y representantes políticos. Entre los participantes destacaban la presencia de CCOO —que portaba su propia pancarta tras denunciar recientemente el ataque a su sede— y representantes de formaciones como el PSOE, Más Madrid, Izquierda Unida o Verdes Equo.
El ritmo lo marcó una vez más la Batucada que Entiende, que convirtió la protesta en una celebración de la diversidad. Las consignas no tardaron en llenar las calles: «Alcalá es diversidad», «La homosexualidad no es una enfermedad» o «Si tocan a una, nos tocan a todas» resonaron entre los soportales, a menudo coreadas también por vecinos que observaban desde balcones y aceras.
También hubo espacio para la denuncia. «Vox, escucha, tu odio es mi lucha» fue una de las proclamas más repetidas, junto a críticas directas al Obispado. Desde Alcalá Entiende no ocultaron su malestar por la ausencia de banderas arcoíris en edificios institucionales, señalando una «visibilidad a ratos» que consideran insuficiente. «No somos nosotres quienes politizamos la bandera», afirmaron en sus redes.
Pese al ambiente festivo y reivindicativo, algunos gestos aislados ensombrecieron momentáneamente el recorrido. Integrantes de la organización relataron cómo algunos transeúntes simularon vómitos o mostraron expresiones de rechazo al paso de la marcha.
En redes sociales, la propia asociación compartió testimonios anónimos que reflejan esta doble cara: desde quienes vieron «caras de oler mierda» o gestos de desprecio, hasta quienes afirmaban haberse sentido «muy a gusto» y arropados por el grupo. La respuesta general, según estos relatos, fue mayoritariamente positiva, y la marcha fue vivida como un espacio de comunidad y resistencia compartida.
La lectura final del manifiesto, entre aplausos y abrazos, puso el broche a una tarde que, un año más, sirvió para recordar que la lucha por la igualdad sigue viva en el corazón del casco histórico alcalaíno.















