- Vecinos alertan del tránsito habitual de motos, patinetes eléctricos e incluso coches entre las calles Terciopelo y Jesús Pajares.
- La vía, de uso exclusivamente peatonal, da acceso a un parque infantil muy concurrido por familias con niños pequeños.
Lo que debería ser un espacio pensado para el paseo tranquilo y el juego infantil se ha convertido, para muchos residentes de Las Sedas, en un foco constante de preocupación. En la calle peatonal que conecta la calle Terciopelo con la calle Jesús Pajares, el tránsito de vehículos a motor y patinetes eléctricos es una escena cada vez más habitual. Una situación que se produce, además, en un entorno especialmente sensible por la presencia de un parque infantil muy frecuentado.
Según relatan varios vecinos de la zona, por esta vía peatonal circulan con frecuencia motocicletas —tanto de residentes como de repartidores de comida a domicilio—, patinetes eléctricos y, en ocasiones puntuales, incluso coches. Lo hacen, aseguran, a velocidades elevadas y sin tener en cuenta que se trata de una vía de uso exclusivamente peatonal, por la que transitan familias con carritos, niños pequeños y personas paseando.
La preocupación aumenta por la proximidad directa del parque infantil, situado en la misma calle. “Aquí vamos muchos padres con críos pequeños todos los días, y hay motos que pasan como si esto fuera una calle normal. Da miedo”, comenta una vecina, visiblemente molesta por una situación que considera repetida y conocida. Otros residentes coinciden en que no se trata de hechos aislados, sino de una dinámica que se repite a diario.
Parte del problema, explican los vecinos, estaría relacionado con la falta de conexión directa entre la Avenida de las Sedas y la calle Jesús Pajares. Aunque las viviendas de la zona fueron entregadas hace aproximadamente dos años, ese tramo de calle sigue sin estar habilitado, lo que obliga a dar un rodeo completo por la calle Terciopelo para acceder en vehículo. Algunos residentes optan por “atajar” atravesando la zona peatonal para evitar ese recorrido más largo.
“Entiendo que dé pereza dar toda la vuelta, pero no puede ser a costa de la seguridad de los demás”, señala otro vecino, que denuncia que esta práctica se ha normalizado con el tiempo. A ello se suma la circulación de repartidores, que utilizan la vía como un atajo rápido para llegar a las viviendas del entorno.
Los residentes reclaman una solución que pase tanto por el control del acceso de vehículos a la calle peatonal como por la finalización de las conexiones viarias pendientes en el barrio. Mientras tanto, aseguran, la sensación es de inseguridad constante en un espacio que debería ser, precisamente, uno de los más seguros del barrio.
