Alcalá afronta varios días de polen alto de cupresáceas y es posible que el episodio continúe esta semana

Alerta polen

Fuente: Freepik

La temporada de alergias no siempre empieza con la primavera. En pleno invierno, cuando todavía no han llegado los pólenes más conocidos como el del plátano de sombra o las gramíneas, hay un protagonista que suele adelantarse y poner a prueba a quienes tienen rinitis o conjuntivitis: las cupresáceas. En Alcalá de Henares, la combinación de floración y meteorología ha dejado este fin de semana un nivel alto, y la previsión apunta a que el episodio no se queda en dos días.

Las cupresáceas agrupan especies muy comunes en zonas urbanas y periurbanas, desde cipreses hasta arizónicas, tuyas o enebros. Son árboles y arbustos habituales en setos, jardines y alineaciones de parques, y en la Comunidad de Madrid se consideran el polen más abundante del invierno y, a menudo, el principal responsable de síntomas alérgicos en esta estación.

El aviso de niveles altos en Alcalá se enmarca en una situación que se viene repitiendo durante febrero: concentraciones medias y altas casi a diario en distintas estaciones de control. En el caso complutense, el seguimiento regional ha llegado a registrar una concentración máxima de 2.659 granos por metro cúbico en una de las jornadas recientes, una cifra que ayuda a explicar por qué muchas personas notan picor de ojos, estornudos o congestión incluso sin “ambiente de primavera”.

La clave, además, no es solo cuánto polen hay, sino cómo se mueve. Este tipo de polen puede variar mucho de un día a otro y, dentro del mismo día, también hay franjas más “cargadas” que otras. Suele repuntar con el viento y con los cambios bruscos de tiempo, y tiende a concentrarse más en las horas centrales y en momentos concretos del día, lo que complica que la gente pueda anticiparse solo por sensaciones.

Qué es el polen y por qué molesta tanto

El polen es un polvo fino formado por granos microscópicos que las plantas liberan para reproducirse. En personas sensibilizadas, esas partículas actúan como desencadenante: el sistema inmunitario reacciona como si fueran una amenaza y aparecen síntomas típicos de la alergia respiratoria. Los más frecuentes son rinitis (estornudos, moqueo, taponamiento nasal), conjuntivitis (picor, lagrimeo, enrojecimiento) y, en algunos casos, tos o sensación de falta de aire.

En las cupresáceas, el patrón es especialmente traicionero porque llega cuando mucha gente no está pendiente del “calendario alérgico”. Su periodo de polinización es amplio, puede extenderse varios meses de invierno a inicio de primavera, y suele alcanzar su tramo más intenso en enero y febrero. Eso hace que, cuando suben las temperaturas o se encadenan días secos y ventosos, el problema se dispare de golpe.

Consejos prácticos para quienes lo están pasando peor

No hay una fórmula mágica, pero sí un conjunto de medidas que, sumadas, suelen marcar diferencia cuando los niveles son altos:

Más allá del malestar puntual, el repunte de cupresáceas suele servir de aviso: la temporada de pólenes “grandes” está a la vuelta de la esquina. Si esta semana se confirma la continuidad de niveles altos en Alcalá, el siguiente paso para muchos vecinos será ajustar rutinas y, sobre todo, anticiparse a los próximos meses con seguimiento diario de niveles y consulta médica si los síntomas se mantienen o empeoran. En alergia, llegar tarde casi siempre se paga con más pañuelos —y menos descanso—.

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