La psicóloga Sonia E. Vaccaro recibe el VIII Premio Francisca de Pedraza por su labor contra la violencia vicaria

Sonia E Vaccaro

Sonia E. Vaccaro / Imagen: Universidad de Alcalá

El nombre de Francisca de Pedraza, primera mujer en lograr una sentencia contra la violencia de género en la España del siglo XVII, vuelve cada año a la actualidad gracias al premio que lleva su nombre. En esta octava edición, el reconocimiento pone el foco en una figura central del feminismo jurídico y psicológico contemporáneo: la psicóloga clínica y forense Sonia E. Vaccaro, referente internacional en violencia contra las mujeres y en la lucha contra la violencia vicaria. El galardón lo otorga la Asociación Francisca de Pedraza, en colaboración con la Universidad de Alcalá.

El jurado ha destacado la trayectoria de Vaccaro en la erradicación del uso del denominado Síndrome de Alienación Parental (SAP) en los procesos judiciales, una figura sin aval científico que durante años se ha utilizado contra madres protectoras en procedimientos de custodia. Su trabajo ha sido decisivo para desmontar este constructo y señalar las graves consecuencias que ha tenido en la vida de muchas mujeres y de sus hijas e hijos.

La distinción reconoce igualmente que fue Sonia E. Vaccaro quien definió y difundió, a partir de 2012, el concepto de violencia vicaria como forma extrema de violencia de género. Se trata de aquella violencia contra la madre ejercida por un hombre violento sobre las hijas, los hijos o personas del entorno afectivo, con el objetivo de causarle el máximo daño posible. Este enfoque ha permitido nombrar una realidad que existía desde hace décadas, pero que no contaba con un marco conceptual ni jurídico claro.

El impacto de este trabajo ha trascendido el ámbito académico y profesional. El concepto de violencia vicaria se ha incorporado al Pacto de Estado contra la Violencia de Género, que reconoce a las madres cuyos hijos e hijas han sido asesinados por sus parejas o exparejas como víctimas de violencia de género. Este paso ha supuesto un cambio profundo en la forma de entender y abordar estas agresiones desde las instituciones, la justicia y los servicios públicos.

El jurado subraya también la aportación de Vaccaro como experta en distintos debates legislativos y, en particular, en el anteproyecto de Ley Orgánica de medidas para erradicar la violencia vicaria. Entre sus objetivos generales se encuentran definir jurídicamente la violencia vicaria como manifestación específica de la violencia de género, tipificarla como delito, garantizar la protección integral de las víctimas y dar cumplimiento a los compromisos asumidos en el Pacto de Estado.

En esta octava edición se han presentado trece candidaturas procedentes de ámbitos muy diversos, desde la judicatura y los medios de comunicación hasta los cuerpos y fuerzas de seguridad o el deporte. El fallo del jurado sitúa así el trabajo de Vaccaro en un contexto de activismo profesional y social amplio, donde distintas disciplinas convergen en la defensa de los derechos de las mujeres y de la infancia.

Durante su intervención en el acto de entrega, Sonia E. Vaccaro mostró una emoción contenida, pero firme, al subrayar la dimensión colectiva del reconocimiento. “Recibo con profunda emoción y con un hondo sentido de responsabilidad este premio Francisca de Pedraza, símbolo de lucha tenaz y digna contra la violencia machista”, afirmó ante el auditorio, antes de dedicar el galardón a “todas las mujeres que han resistido, que han denunciado y que continúan haciéndolo, que han sido silenciadas, criminalizadas e incluso despojadas de sus hijas e hijos en nombre de un falso síndrome”.

La psicóloga insistió en que el premio no se entiende sin la lucha previa de las víctimas y sin el trabajo compartido en espacios feministas de análisis y acompañamiento. Recordó especialmente a la Asociación de Mujeres de Psicología Feminista de Granada, a la que definió como un entorno de pensamiento crítico, apoyo y coherencia ética, y agradeció la sororidad de sus compañeras. En su intervención, defendió que la psicología “no puede ser neutral frente al sufrimiento provocado por el patriarcado” y que la profesión debe situarse “del lado de las víctimas, de la verdad y de los derechos humanos”.

Vaccaro enmarcó la entrega del premio en un “momento histórico” en el que la violencia vicaria empieza a ocupar el lugar que le corresponde en el reconocimiento jurídico y social. Recordó que actualmente se está tramitando un anteproyecto de ley para tipificarla, y subrayó que ningún avance se consolida sin “la vigilancia activa del feminismo, la voz de las mujeres organizadas y la participación de quienes han acompañado de cerca las consecuencias devastadoras de esta violencia”.

La referencia a Francisca de Pedraza sirvió también para trazar un puente entre pasado y presente. La premiada recordó que aquella mujer del siglo XVII abrió un camino al lograr una sentencia contra su maltratador, y que cuatro siglos después el reto sigue siendo transformar el dolor en acción, la rabia en conocimiento y la soledad en redes de apoyo y sororidad. “No debemos ni podemos permitir que se silencie y se niegue esta violencia contra las mujeres”, reivindicó.

En la parte final de su discurso, Vaccaro definió el premio como un compromiso renovado para seguir trabajando en el reconocimiento pleno de la violencia vicaria. Reclamó que nunca más una madre sea acusada injustamente de alienar a sus hijas e hijos por intentar protegerlos, que los derechos de la infancia estén realmente en el centro y que la justicia y las instituciones dejen de ser escenarios de revictimización. Agradeció también el apoyo de su familia y de las personas que la han acompañado en un trabajo que, recordó, se sostiene sobre la fuerza y la verdad de las víctimas.

Con este VIII Premio Francisca de Pedraza, la Asociación del mismo nombre vuelve a situar en primer plano la relación entre memoria histórica, avance jurídico y movilización social frente a la violencia machista. El reconocimiento a Sonia E. Vaccaro refuerza una línea de trabajo que combina investigación, activismo y reforma legislativa, y abre una nueva etapa en el debate sobre cómo nombrar, prevenir y reparar una de las formas más crueles de violencia contra las mujeres: aquella que golpea allí donde más duele, a través de sus hijas e hijos.

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