- La procesión del Silencio no pudo salir por segundo año consecutivo y se realizó un acto alternativo en la Catedral Magistral.
- Monseñor Prieto Lucena pidió vivir el Sábado Santo con «alegría contenida» y recordó que la providencia «nunca se equivoca».
El cielo volvió a cerrarse sobre Alcalá de Henares en la noche del Viernes Santo. Pasaban apenas unos minutos de las once cuando la Cofradía del Santo Entierro y Nuestra Señora de los Dolores se disponía a comenzar su tradicional procesión del Silencio desde la Catedral Magistral. A esa hora, la previsión meteorológica parecía dar una tregua: el ambiente era frío pero seco, y muchas aplicaciones aseguraban que lo peor ya había pasado.
Pero no fue así. Nada más abrirse las puertas del templo, comenzó a llover. Primero con timidez, como dudando. La Hermandad decidió entonces esperar. Sin embargo, en apenas unos minutos, la lluvia se volvió copiosa y constante. Ante la incertidumbre, y con el recuerdo aún reciente de lo ocurrido horas antes con la procesión de la Soledad —obligada a volver al templo por un chaparrón repentino—, se optó por cancelar la salida y resguardar a fieles y participantes dentro de la Catedral.
En su lugar, se celebró un acto alternativo en el interior, que reunió a centenares de personas que, como cada año, esperaban vivir uno de los momentos más sobrecogedores de la Semana Santa alcalaína. Muchos recordaban la misma escena en 2018, cuando las condiciones meteorológicas también obligaron a adaptar la procesión del Silencio.
El acto comenzó con el tradicional juramento de silencio, pronunciado por los hermanos con solemnidad:
– Hermanos del Santo Entierro. En nombre de Dios, ¿juráis acompañar a nuestro santísimo Cristo Yacente en absoluto silencio?
– ¡Sí, lo juro!
– ¡Que así sea!
A partir de ese momento, solo el sonido del tambor y la campana rompieron el silencio en las naves laterales de la Catedral. El cortejo procesional, reducido, avanzó por el interior en una procesión íntima, contenida y emotiva.
Al término del recorrido interior, el obispo de Alcalá, Monseñor Antonio Prieto Lucena, dirigió unas palabras a los presentes. Afirmó que «la providencia nunca se equivoca» y recordó que, aunque la procesión no pudo desarrollarse en las calles, la comunidad vivió con intensidad su Estación de Penitencia bajo el techo de la Catedral. Reflexionó sobre el sufrimiento de Cristo, su identificación con el dolor humano y su cercanía con quienes sufren: “Jesús nos dice: yo pasé por ahí, yo te comprendo bien”.
El obispo animó a vivir el Sábado Santo con una «alegría contenida», subrayando que la muerte no es el final. “No es punto y final, es punto y seguido”, aseguró, al tiempo que agradecía la presencia y el recogimiento de todos los allí congregados. El acto concluyó en un clima de respeto, fe y esperanza, demostrando, una vez más, que la Semana Santa se vive con la misma profundidad, incluso cuando la lluvia obliga a cambiar el rumbo.
Imágenes de la procesión del Santo Entierro
