- La Hermandad se vio obligada a regresar al templo tras un chaparrón inesperado que sorprendió a los presentes.
- La talla del Cristo llegó a quedar descubierta por una racha de viento justo antes de replegarse.
No pudo ser. La ilusión, el esfuerzo y los meses de preparativos se vieron empañados —literalmente— por una tarde de cielos inciertos que terminó por deslucir una de las salidas más esperadas de la Semana Santa. La Hermandad de la Soledad Coronada y el Sagrado Descendimiento se vio obligada a interrumpir su Estación de Penitencia cuando la lluvia, imprevista pero contundente, irrumpió apenas media hora después de la salida del paso.
El cielo ya apuntaba maneras desde primera hora de la tarde. Las previsiones no eran favorables, pero aún así la Hermandad optó por seguir adelante. A las 19:30 horas, las puertas de Santa María La Mayor se abrieron y comenzó la salida del Sagrado Descendimiento. Los costaleros maniobraron con pericia bajo la puerta del templo, bajando la cruz al máximo y avanzando en cuclillas, en una imagen ya habitual que no por ello deja de conmover.
La emoción se palpaba en el ambiente. Nazarenos y hermanos ocupaban su lugar, el público contenía la respiración y las primeras notas de la banda empezaban a llenar la plaza. Mientras tanto, en la plaza de Cervantes, la Hermandad de Medinaceli valoraba también su salida, prevista para antes, y decidía retrasarla en busca de una posible tregua meteorológica.
Pero la nube no pasó. Apenas media hora después, las primeras gotas comenzaron a caer. Al principio tímidas, como queriendo no estropear la tarde. Pero pronto se transformaron en un aguacero. La Hermandad trató de aguantar. Incluso asomaron el paso de la Virgen a la puerta del templo, esperando un respiro. No llegó. El viento arreciaba, los paraguas se tambaleaban y los plásticos comenzaron a cubrir la talla del Cristo. Una racha más fuerte aún levantó la protección justo antes de entrar de nuevo al templo, dejando la imagen expuesta por unos segundos que parecieron eternos.
La orden fue clara: retirada inmediata. Con rapidez y serenidad, el paso regresó al interior entre los aplausos de los presentes, que acompañaron a la Hermandad con respeto y emoción contenida. Allí dentro, entre lágrimas, abrazos y resignación, se improvisó un pequeño acto para aliviar el desencanto. Se le cantó a la Virgen. Se hizo una levantá en recuerdo de los afectados por la DANA de Valencia. Y se cerraron las puertas.
No fue la procesión soñada, pero sí una muestra de fe, entrega y comunidad que no entiende de cielos grises. La Hermandad ha querido agradecer el apoyo de todos los presentes y de quienes hicieron posible llegar hasta allí. Porque aunque esta vez no se pudo salir, el espíritu quedó intacto.
Imágenes de la procesión de la Soledad Coronada y el Sagrado Descendimiento



























