La procesionaria entra en su fase de mayor riesgo en los parques tras cerca de 900 retiradas el año pasado

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Imagen: Ayuntamiento de Alcalá

La procesionaria del pino afronta estas semanas su fase más delicada en parques y zonas verdes, coincidiendo con el ascenso de las temperaturas y con el momento en que las orugas empiezan a bajar de los árboles al suelo. Es ahí cuando aumenta el riesgo de contacto para quienes pasean por áreas con pinos, especialmente en el caso de los perros y de los niños pequeños, más expuestos a acercarse a los ejemplares o a sus restos.

Los datos facilitados por la Concejalía de Medio Ambiente apuntan a que durante 2025 se realizaron cerca de 900 intervenciones de retirada de procesionaria en el arbolado urbano. A esa cifra se suman 1.175 actuaciones fitosanitarias preventivas desarrolladas entre enero y noviembre y diciembre del año pasado, dentro de la campaña de control sobre una plaga que reaparece cada temporada en cuanto se dan las condiciones meteorológicas propicias.

La parte más visible del problema llega precisamente ahora. Durante el invierno, la procesionaria permanece en los característicos bolsones blancos que forma en los pinos, pero al final de la estación y con la llegada de temperaturas más suaves inicia su descenso en fila hacia el suelo. Ese desplazamiento es el que multiplica los avisos y obliga a extremar la vigilancia, porque ya no se trata solo de un foco localizado en la copa de los árboles, sino de una presencia potencial en senderos, zonas ajardinadas y espacios de paso.

El riesgo no es menor. Los pelos urticantes de la procesionaria pueden provocar irritaciones en la piel, molestias o lesiones oculares y reacciones respiratorias. En los animales, sobre todo en los perros, el contacto con el hocico o la lengua puede derivar en lesiones graves que requieren atención veterinaria urgente. Por eso, cada año la fase de descenso de las orugas se traduce en recomendaciones de prudencia en parques y paseos con abundancia de pinos.

La respuesta municipal se apoya en dos líneas de actuación. La primera es preventiva y se concentra en los meses más fríos, cuando todavía es posible reducir la presencia de la plaga antes de que complete su desarrollo. La segunda consiste en la retirada de nidos o focos detectados cuando la procesionaria ya es visible en el arbolado. El objetivo no es erradicar de una vez un problema estacional complejo, sino limitar su presencia y rebajar el riesgo en los espacios más transitados.

El concejal de Medio Ambiente, Vicente Pérez, ha señalado que los servicios municipales mantienen la retirada de nidos antes de su eclosión y ha pedido precaución a las familias con niños y a los propietarios de mascotas durante estas semanas. Su advertencia coincide con el periodo del año en el que la presencia de la procesionaria deja de concentrarse en las ramas y pasa a ser más perceptible a ras de suelo, que es cuando se dispara la preocupación entre los usuarios habituales de los parques.

Las cifras conocidas ahora también permiten medir la dimensión de la campaña desplegada el año pasado. Las cerca de 900 retiradas reflejan intervenciones sobre focos ya detectados, mientras que las 1.175 actuaciones preventivas responden a una lógica distinta: anticiparse a la expansión de la plaga antes de que alcance su fase más visible. La combinación de ambos datos dibuja una estrategia de seguimiento continuado más que una respuesta puntual ligada a un único episodio.

La procesionaria es, además, un problema que va más allá de la molestia o del aviso sanitario. En infestaciones repetidas, debilita a los pinos al alimentarse de sus acículas, lo que afecta al estado general del arbolado. De ahí que el control no se plantee únicamente como una cuestión de seguridad para peatones y animales, sino también como una tarea de mantenimiento de las zonas verdes en una ciudad con numerosos ejemplares de coníferas en parques, paseos y áreas ajardinadas.

En la práctica, la principal recomendación sigue siendo evitar cualquier contacto con las orugas o con sus nidos y alejar a los animales de las zonas en las que se detecte su presencia. La retirada debe realizarla personal especializado, ya que manipular los bolsones o barrer ejemplares del suelo puede aumentar la dispersión de pelos urticantes. Con marzo ya avanzado y la primavera a las puertas, la evolución de la plaga vuelve a situarse entre los problemas ambientales más visibles de la temporada.

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