Los residuos de Alcalá mantienen su ruta hacia Loeches tras renovarse el apoyo económico anual

planta loeches

La basura que producen los hogares del Este de la región tiene desde hace cuatro años un mismo destino: el complejo medioambiental de Loeches. Allí llega la fracción resto, los envases, los voluminosos y, cada vez más, la orgánica separada en origen. El sistema continuará funcionando con normalidad después de que se haya renovado el apoyo económico anual previsto para cubrir parte de los costes del centro.

El convenio aprobado esta semana formaliza la aportación destinada a sufragar una parte del funcionamiento de la planta. La Mancomunidad del Este —que agrupa a 31 municipios, entre ellos Alcalá de Henares, Torrejón de Ardoz, Coslada o Arganda del Rey— es la responsable directa del servicio, y este tipo de acuerdos permite cubrir una parte relevante del gasto que supone tratar cientos de miles de toneladas de residuos al año. El mecanismo no es nuevo: forma parte del modelo vigente desde antes de la apertura del complejo.

El complejo de Loeches, conocido como La Campiña, se diseñó como alternativa al vertedero de Alcalá, clausurado en 2019 tras décadas de uso y episodios de saturación. Durante los meses posteriores al cierre, los residuos del Este tuvieron que desviarse temporalmente al parque tecnológico de Valdemingómez, un escenario que puso de relieve la necesidad de una instalación capaz de asumir el tratamiento de toda la comarca. Con su entrada en funcionamiento en 2021, Loeches se convirtió en la pieza clave del sistema.

La instalación dispone de varias líneas de trabajo: dos para la fracción resto, otra para envases ligeros, una planta destinada a residuos voluminosos y otra de compostaje para restos vegetales. También opera una línea para la Fracción Orgánica de Recogida Selectiva (FORS), que recibe los residuos del contenedor marrón. El objetivo es extraer la mayor cantidad posible de materiales aprovechables y reducir el rechazo que termina en vertedero.

Los municipios del Este han ido adaptando su recogida a este esquema. En Alcalá, por ejemplo, se ha extendido la separación de envases y se ha iniciado el despliegue del contenedor marrón en distintos barrios. La mejora de la clasificación en origen condiciona directamente el rendimiento de la planta: cuanto más limpia llega la fracción reciclable, mayor es la capacidad de recuperación.

La historia del complejo no puede entenderse sin recordar la polémica que lo acompañó en sus primeras fases. Vecinos y colectivos ecologistas expresaron su rechazo por el impacto ambiental y el tráfico de camiones asociado a la instalación. La Mancomunidad defendió entonces que se trataba de una infraestructura necesaria para evitar repetir los problemas del antiguo vertedero y cumplir con los objetivos de reciclaje marcados a nivel europeo.

La renovación del apoyo económico anual permite dar estabilidad a la gestión actual, pero el horizonte inmediato pasa por mejorar las tasas de reciclaje y reducir la cantidad de residuos generados. El funcionamiento de Loeches cubre una parte del problema; la otra, cada vez más relevante, depende de cómo separen sus residuos los propios hogares y de la capacidad de los municipios para extender la recogida selectiva en toda la comarca.

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