- Las pastelerías artesanas madrileñas vendieron más de 2,9 millones de roscones estas Navidades, según estimaciones de ASEMPAS.
- Crece la demanda de formatos reducidos, rellenos de nata o trufa y versiones con menos azúcar o adaptadas a intolerancias.
Las Navidades siguen oliendo a dulces de siempre, pero la forma de consumirlos está cambiando. En un contexto de gasto más medido y compras cada vez más planificadas, el roscón de Reyes mantiene su lugar central en la mesa, aunque ya no responde a un único modelo ni a un calendario cerrado. Hoy se compra antes, se reparte en más días y se ajusta a hogares con menos comensales.
Las pastelerías artesanas de la Comunidad de Madrid cerraron la campaña navideña con más de 2,9 millones de roscones vendidos, según las estimaciones de la Asociación Empresarial de Pasteleros y Panaderos de Madrid (ASEMPAS). La cifra confirma la fortaleza del producto, pero también refleja una transformación progresiva en el tipo de roscón que llega a los hogares madrileños.
Uno de los cambios más visibles está en el tamaño. Los obradores detectan una preferencia creciente por piezas más pequeñas, en torno a los 500 gramos, pensadas para familias reducidas o para un consumo repartido a lo largo de varios días. Esta tendencia responde tanto a nuevas dinámicas familiares como a un mayor control del gasto y del desperdicio alimentario.
La composición del roscón también evoluciona. ASEMPAS apunta a una reducción del contenido de azúcar en las recetas tradicionales y a una ampliación de la oferta destinada a personas con intolerancias alimentarias. Los roscones sin gluten o sin lactosa ganan presencia en los mostradores, permitiendo que el postre siga formando parte de celebraciones compartidas sin excluir a parte de los comensales.
En cuanto al gusto, los rellenos continúan marcando diferencias. Un estudio de Amazon Fresh citado por la asociación señala que el 57% de la población prefiere el roscón relleno, con especial protagonismo de la nata y la trufa. Esta preferencia se traduce en una oferta cada vez más amplia, a la que se suman los roscones bañados, donde las versiones con chocolate ganan terreno año tras año.
Otra de las claves de esta campaña es la ampliación del periodo de consumo. Según ASEMPAS, el roscón ha dejado de ser un producto limitado a los días previos al 6 de enero y ya se encuentra en muchas pastelerías desde noviembre. Este adelanto permite repartir la demanda y consolida al roscón como una opción habitual para desayunos y meriendas durante el invierno.
La forma de compra también se diversifica. Junto al peso de la tienda física, valorada por la cercanía y el producto recién elaborado, la venta online continúa creciendo en la Comunidad de Madrid. Las pastelerías artesanas constatan un aumento sostenido de los pedidos digitales, una vía que amplía el alcance del producto y facilita la planificación de las compras navideñas.
El contexto económico ayuda a explicar parte de este comportamiento. Un informe de Mastercard sobre la campaña 2025/2026 apunta a un incremento del 5% en el gasto navideño a nivel general, con un crecimiento especialmente acusado entre los consumidores sénior y una mayor inversión en productos de alimentación y frescos. En la Comunidad de Madrid, ese mismo informe sitúa el aumento del gasto en torno al 37%, impulsado por una mayor frecuencia de compra.
El resultado es una Navidad más doméstica y reflexiva, en la que se ajustan cantidades y formatos sin renunciar a los rituales. El roscón de Reyes, adaptado a nuevos gustos y hábitos, sigue siendo el postre que mejor resiste el paso del tiempo, ahora con más versiones, más días de consumo y un papel renovado en las celebraciones familiares.










