- El Rayo Majadahonda jugó casi todo el encuentro con diez por la expulsión directa de Telis sobre Izan González en el minuto 1.
- Albur adelantó pronto a los rojillos, Javi Martín empató en el 86 y Caste decidió en el descuento un duelo con tensión hasta el final.
El Alcalá se llevó en Majadahonda un partido de los que dejan poso. Ganó 1-2, lo hizo en el minuto 92 y lo hizo después de ver cómo un encuentro que parecía bajo control se le escapaba a cuatro minutos del final. Pero apareció Caste, cuando ya se mascaba un empate con sabor amargo, para cerrar una victoria de peso y devolver al conjunto rojillo una sonrisa grande en uno de esos campos donde ganar siempre dice algo.
El choque, en realidad, empezó a romperse casi antes de empezar. Apenas corría el minuto 1 cuando Telis entró con dureza sobre Izan González y vio la roja directa. El Rayo Majadahonda se quedaba con diez para casi todo el partido, una circunstancia que alteró el guion de inmediato y obligó al equipo local a remar desde demasiado pronto. Al Alcalá, en cambio, se le abría un escenario ideal para jugar con cabeza, mover el balón y hacer ancho un partido que ya tenía de cara.
No tardó en aprovecharlo. En el minuto 9, el cuadro de Ángel Vivar Dorado trenzó una buena acción ofensiva que terminó con Koné prolongando de cabeza y Albur rematando en posición franca para hacer el 0-1. Fue un gol bien construido, de esos que explican mejor que cualquier discurso qué quería hacer el Alcalá en Majadahonda: mandar con la pelota, elegir bien los ritmos y llevar el partido a donde más le convenía.
Con ventaja en el marcador y un hombre más sobre el césped, el equipo complutense asumió el control de muchas fases del encuentro. No fue un dominio atropellado ni un asedio constante, sino algo más práctico. El Alcalá gobernó el partido desde el orden, procurando no partirse y evitando que el Majadahonda pudiera crecer desde el desorden o desde la agitación. El plan tenía lógica: minimizar errores, obligar al rival a correr detrás del balón y esperar el momento para sentenciar.
Pero el fútbol no siempre premia al que parece tenerlo todo encarrilado. El Rayo Majadahonda, aun condicionado por la expulsión, no se deshizo. Se mantuvo vivo, defendió como pudo y esperó su momento. Sabía además que se jugaba mucho en el partido, así que no dejó de apretar cada vez que encontró un resquicio. El Alcalá estuvo más cerca del control que de la tranquilidad, porque el 0-1 nunca terminó de cerrar del todo el duelo y cada minuto que pasaba iba cargando el final de incertidumbre.
Esa sensación explotó en el minuto 86. En un barullo dentro del área pequeña, Javi Martín encontró el balón suelto y lo mandó a la red para firmar el 1-1. El gol cayó como un golpe seco sobre el Alcalá, que había sostenido la ventaja durante más de setenta minutos y veía cómo se le iba una victoria importantísima cuando ya casi la tenía en la mano. El Majadahonda, impulsado por el empate, se lanzó hacia delante con el convencimiento de quien siente que ha encontrado una rendija por la que colarse.
Ahí apareció el tramo más incómodo para los rojillos. El partido se ensució, se agitó y empezó a jugarse en ese terreno emocional en el que un empate puede parecer derrota para uno y casi remontada para otro. El Alcalá tuvo que rehacerse rápido, enfriar lo que pudo y sobrevivir a ese momento en el que el Majadahonda parecía haber cambiado de golpe el sentido del encuentro. Tocaba resistir, pero también creer que aún quedaba una última jugada.
Y esa jugada llegó. Ya en el 92, cuando el partido entraba en su última respiración, Caste apareció para hacer el 1-2 y desatar la celebración rojilla. Fue el gol que cerró el suspense y el que terminó de darle forma a una victoria mucho más trabajada de lo que podría sugerir la temprana expulsión local. El Alcalá había sido mejor durante muchos tramos, sí, pero tuvo además que sobreponerse al golpe del empate y encontrar energía para volver a levantarse en el descuento.
Más allá del desenlace, el triunfo deja una lectura competitiva muy favorable para el conjunto complutense. Ganar fuera de casa, ante un rival exigente y en un partido con tantos cambios emocionales, refuerza la sensación de que el equipo llega vivo al tramo decisivo de la temporada. La victoria afianza la permanencia y mantiene al Alcalá a cuatro puntos del ‘play off’ cuando restan cinco jornadas, una distancia que obliga a seguir mirando hacia arriba.
También había un contexto previo que añadía temperatura al duelo. El precedente de la primera vuelta en El Val, con varias decisiones arbitrales muy protestadas por el entorno rojillo, seguía presente en la memoria de ambos equipos. Esta vez, sin embargo, el partido se resolvió en el césped y del lado del Alcalá. No necesitó refugiarse ni especular. Se adelantó pronto, manejó el encuentro durante muchos minutos y, cuando el empate amenazó con arruinarle la tarde, encontró en Caste la última palabra.
Así fue el partido: roja al minuto, gol tempranero de Albur, empate tardío de Javi Martín y sentencia en el descuento. Un guion con sobresalto final, de los que encajan mejor en una crónica que en una simple ficha. Y, sobre todo, tres puntos que pueden pesar mucho cuando llegue la hora de hacer cuentas.










