Solar Orbiter identifica dos orígenes de electrones solares y refuerza el papel de la UAH

satelite solar orbiter

Imagen: Universidad de Alcalá

Durante décadas, comprender cómo se forman y viajan las partículas de alta energía del Sol ha sido una de las grandes incógnitas de la heliosfísica. El espacio cercano a la Tierra es un entorno dinámico en el que pequeñas variaciones pueden traducirse en fallos de instrumentos o interrupciones en comunicaciones. En ese contexto, la misión Solar Orbiter ha aportado un avance clave: distinguir con claridad dos procesos de origen para los llamados Electrones Energéticos Solares (SEE), un paso que permite afinar la predicción del llamado “tiempo espacial”.

El estudio identifica, por un lado, eventos de partículas impulsivos, vinculados a erupciones solares localizadas que lanzan electrones casi a la velocidad de la luz. Por otro, describe eventos graduales, asociados a eyecciones de masa coronal (CME), grandes expulsiones de gas caliente desde la atmósfera solar que liberan un volumen mayor de partículas durante periodos más prolongados. Esta diferenciación operativa es esencial porque los eventos graduales suelen contener más partículas de alta energía y, por tanto, entrañan un riesgo potencialmente superior para sistemas espaciales y redes tecnológicas.

Desde el punto de vista aplicado, reconocer el tipo de evento que está en marcha permite ajustar modelos y umbrales de alerta para operadores de satélites, misiones científicas y, en general, infraestructuras que dependen de comunicaciones y navegación. La mejora en la precisión de las previsiones no solo reduce la incertidumbre operativa, sino que también ayuda a planificar maniobras preventivas que minimicen la exposición de instrumentos sensibles.

El avance ha sido posible gracias a la observación de cientos de eventos a distintas distancias heliocéntricas, algo factible por la trayectoria y el perfil de aproximación de Solar Orbiter. Al poder medir más cerca de la fuente, las detecciones captan las partículas en un estado más “puro”, lo que facilita reconstruir el lugar y el mecanismo de aceleración en el propio Sol. El resultado es, hasta la fecha, el estudio más completo de eventos SEE realizado con una única misión.

Solar Orbiter es una misión de la Agencia Espacial Europea en colaboración con la NASA, diseñada específicamente para estudiar el entorno solar con un conjunto de instrumentos complementarios. Su arquitectura permite observar regiones polares y operar a distancias de hasta unos 42 millones de kilómetros del Sol, una proximidad inédita que multiplica la calidad de los datos científicos y el contexto de las mediciones in situ.

Entre sus diez instrumentos, destaca EPD (Energetic Particle Detector), liderado por la Universidad de Alcalá. EPD integra cuatro telescopios de partículas —STEP, SIS, EPT y HET— orientados a caracterizar composición, flujos y variaciones de las partículas energéticas emitidas por el Sol. En este trabajo, ocho instrumentos de la nave han contribuido de forma coordinada, reforzando el análisis cruzado entre medidas remotas e in situ.

El conocimiento generado encaja con preguntas de fondo aún abiertas: qué impulsa el ciclo magnético de 11 años, cómo se origina y acelera el viento solar o por qué la capa superior de la atmósfera solar alcanza temperaturas de millones de grados. Al delimitar el origen de los electrones energéticos, la misión aporta piezas concretas para ensamblar esos grandes puzles de la física solar.

Con una actividad solar elevada en los próximos años, distinguir de forma temprana si un episodio es impulsivo o gradual será decisivo para mejorar avisos y protocolos de mitigación. Solar Orbiter continuará acercándose al Sol y combinando observaciones con su batería de instrumentos; la UAH, al frente de EPD, seguirá aportando datos clave para traducir fenómenos solares en información práctica para la seguridad de misiones y la resiliencia tecnológica en la Tierra.

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