- Un estudio liderado por la Universidad de Alcalá identifica 80 especies de invertebrados en el subsuelo de glaciares rocosos del Parque Nacional Suizo.
- La investigación alerta de que la degradación del permafrost podría poner en riesgo uno de los refugios biológicos menos conocidos de las zonas de alta montaña.
La biodiversidad de los ecosistemas de montaña sigue revelando sorpresas a medida que avanza la investigación científica. Un equipo internacional liderado por la Universidad de Alcalá (UAH), en colaboración con la Universidad de Basilea, ha descubierto una comunidad biológica mucho más rica de lo esperado bajo la superficie de los glaciares rocosos alpinos, unas formaciones características de las grandes cordilleras europeas que hasta ahora habían recibido escasa atención desde el punto de vista ecológico.
Los resultados del trabajo, publicados en la revista científica Scientific Reports, perteneciente al grupo Nature, muestran que estos entornos subterráneos albergan una elevada diversidad de organismos adaptados a condiciones extremas. El hallazgo aporta nuevas evidencias sobre la importancia ecológica de unos ecosistemas que permanecen prácticamente ocultos bajo bloques de roca y capas de hielo permanente, y que podrían desempeñar un papel relevante en la conservación de especies sensibles al aumento de las temperaturas.
La investigación ha sido dirigida por el investigador José D. Gilgado y se ha centrado en el análisis de dos glaciares rocosos situados en el Parque Nacional Suizo. Estas estructuras geológicas, frecuentes en regiones alpinas, están formadas por una combinación de fragmentos de roca y permafrost, es decir, suelo que permanece congelado de manera continuada durante largos periodos de tiempo. Aunque tradicionalmente han sido estudiadas desde una perspectiva geológica o climática, su valor como hábitat para la fauna y otros organismos apenas había sido explorado.
Para conocer qué formas de vida ocupan estos espacios, los investigadores instalaron dispositivos de muestreo en el subsuelo durante varios años. Gracias a esta metodología y al uso de técnicas avanzadas de análisis biológico, lograron identificar comunidades de hongos, plantas e invertebrados que habitan en las cavidades formadas entre los bloques de roca. Entre los organismos detectados figuran insectos, arácnidos y otros artrópodos especialmente adaptados a las bajas temperaturas y a la limitada disponibilidad de recursos característica de estos ambientes.
El estudio documentó la presencia de 80 especies de invertebrados, una cifra que sorprendió a los propios investigadores debido a las duras condiciones ambientales que caracterizan a estos ecosistemas. Según los autores, uno de los aspectos más relevantes del trabajo es que demuestra que bajo la aparente aridez de los glaciares rocosos existe una compleja red de organismos que había permanecido prácticamente invisible para la ciencia.
Los resultados apuntan a que los espacios subterráneos generados entre las rocas funcionan como auténticos refugios climáticos. A diferencia de la superficie, donde las temperaturas pueden experimentar fuertes oscilaciones a lo largo del año, estas cavidades mantienen unas condiciones más estables que favorecen la supervivencia de especies especializadas en ambientes fríos. Este fenómeno es especialmente relevante en un contexto de calentamiento global, ya que ofrece pistas sobre los mecanismos naturales que permiten a determinados organismos resistir los cambios climáticos.
Sin embargo, los investigadores advierten de que estos refugios podrían encontrarse entre los ecosistemas más vulnerables al aumento de las temperaturas. El calentamiento global está acelerando la degradación del permafrost en numerosas regiones montañosas del planeta, un proceso que altera la estructura interna de los glaciares rocosos y puede modificar profundamente las condiciones ambientales de las que dependen las especies que los habitan.
Diversos estudios internacionales han constatado durante las últimas décadas una reducción progresiva de la estabilidad del permafrost alpino como consecuencia del incremento de las temperaturas medias. Este fenómeno no solo tiene implicaciones para la biodiversidad, sino también para la dinámica de las montañas, ya que influye en la estabilidad de laderas, la disponibilidad de agua y la evolución de numerosos ecosistemas de alta montaña.
Ante este escenario, los autores del trabajo señalan que algunos terrenos pedregosos cercanos podrían servir como hábitats alternativos para parte de la fauna identificada. No obstante, subrayan que todavía se desconoce si estos espacios pueden reproducir las condiciones ecológicas específicas que ofrecen los glaciares rocosos y garantizar la supervivencia a largo plazo de las especies más especializadas.
Más allá del descubrimiento de nuevas comunidades biológicas, la investigación pone de relieve la necesidad de ampliar el conocimiento sobre ecosistemas que continúan siendo poco conocidos incluso en regiones ampliamente estudiadas como los Alpes. Los científicos consideran que estos ambientes podrían albergar muchas más especies aún no descritas y desempeñar un papel importante como reservas de biodiversidad frente a los efectos del cambio climático.
El trabajo liderado por la Universidad de Alcalá contribuye así a abrir una nueva línea de investigación sobre la vida que se desarrolla en el subsuelo de las montañas y sobre los riesgos que afrontan estos hábitats en un escenario de calentamiento global cada vez más acusado.
