- 1-0 con gol de Javi Hernández y penalti detenido por Pantoja ante un Tenerife B invicto fuera de casa.
- Final tenso con varias expulsiones y El Val convertido en una caldera; el martes, cita de Copa del Rey.
El fútbol, a veces, se resume en una palabra: carácter. Y el Alcalá lo tuvo todo para derribar al líder. En un Val encendido, los rojillos firmaron una de esas tardes que se recuerdan. El Tenerife B llegaba sin conocer la derrota lejos de casa, pero el coliseo complutense decidió que allí mandan los suyos. Una parada de Pantoja y un zarpazo de Javi Hernández bastaron para tumbar al conjunto canario en un partido que tuvo emoción, orgullo y hasta polémica.
El choque empezó con aviso visitante: balón filtrado, carrera peligrosa y respuesta felina del portero local. Pantoja sacó una mano salvadora y, poco después, detuvo un penalti que cambió el rumbo del encuentro. El Val se vino abajo en una ovación cerrada. A partir de ahí, el Alcalá creció. Borja Sánchez, omnipresente, marcaba el ritmo en la medular mientras los extremos buscaban la espalda de la defensa insular.
El premio llegó al borde del descanso. Borja rompió por la derecha, levantó la cabeza y sirvió un balón medido que Javi Hernández convirtió en el 1-0 con un disparo cruzado. Gol, rugido y locura. El capitán lo celebró con rabia. Era mucho más que un gol: era la respuesta a una semana de dudas tras caer ante Las Palmas Atlético.
Tras la reanudación, los de Vivar Dorado defendieron con uñas y dientes. Arribas tuvo el 2-0 tras una gran jugada individual, pero el balón se marchó rozando el poste. El Tenerife B apretó, colgó balones, buscó grietas, pero se topó una y otra vez con un muro. Y en la portería, un Pantoja imbatible que firmó su mejor tarde del curso.
El tramo final fue puro fuego. El árbitro expulsó a Vivar Dorado, Chete, Javi Hernández y Álvaro Portero. El Alcalá acabó con nueve, replegado y resistiendo al límite. Cada despeje era celebrado como un gol. Cuando sonó el pitido final, El Val explotó de alivio y orgullo.
“Partido muy trabajado. En El Val nos hacemos fuertes con nuestra gente”, resumió Pantoja, héroe bajo palos, dedicando la victoria a su compañero Javi Jiménez. Vivar Dorado, exhausto, apenas pudo contener una sonrisa: “Este equipo ha sabido competir y sufrir”.
El Alcalá se reencontró con su esencia: intensidad, garra y fe. Tres puntos que valen más que una victoria y que llegan justo antes de un nuevo reto: la visita del Tenerife de Primera en la Copa del Rey. Si algo ha quedado claro esta tarde, es que cuando El Val ruge, todo es posible.










