- El nuevo programa autonómico adapta la supervisión del agua potable a la normativa europea y estatal vigente.
- Los controles incluirán sustancias emergentes, materiales en contacto con el agua y edificios de uso público considerados prioritarios.
La vigilancia sanitaria del agua de consumo contará con un nuevo marco de actuación para el periodo 2026-2030. El programa elaborado por la Dirección General de Salud Pública actualiza los criterios de supervisión y control de este recurso esencial, con una orientación más preventiva y centrada en detectar posibles riesgos antes de que lleguen al punto de consumo.
El documento se adapta a la Directiva europea 2020/2184 y al Real Decreto 3/2023, que establecen los criterios técnico-sanitarios de la calidad del agua de consumo, su control y su suministro. Este marco normativo consolidó en España un enfoque basado en la evaluación y gestión del riesgo, con obligaciones para administraciones, operadores y titulares de instalaciones vinculadas al abastecimiento.
La principal novedad del programa es la incorporación y consolidación de los Planes Sanitarios del Agua como herramienta de referencia para identificar, valorar y controlar los riesgos a lo largo de toda la cadena. El objetivo es que la vigilancia no se limite al análisis final del agua, sino que abarque el recorrido completo desde las captaciones, el tratamiento y la distribución hasta los puntos en los que se consume.
Estos planes se aplicarán en las zonas de abastecimiento y también en edificios prioritarios, una categoría que incluye centros sanitarios, residencias de mayores, centros educativos y otros inmuebles de uso público. En este tipo de instalaciones, el control resulta especialmente relevante por la concentración de usuarios, la presencia de población vulnerable o la complejidad de sus redes interiores de agua.
El programa detalla además las responsabilidades de las distintas administraciones, operadores y titulares de instalaciones. Entre esas obligaciones se incluye mantener actualizados los protocolos de autocontrol y tenerlos disponibles para la autoridad sanitaria, de forma que las actuaciones de inspección, muestreo y control oficial puedan apoyarse en información trazable y revisable.
Otro de los cambios destacados es la ampliación del control analítico del agua de consumo. Junto al seguimiento de los parámetros ya previstos en la legislación estatal y europea, el programa incorpora nuevas sustancias de preocupación emergente o de control reforzado, entre ellas el bisfenol A, los PFAS, los ácidos haloacéticos, el clorito, el clorato y el uranio.
El bisfenol A es un compuesto utilizado en la fabricación de determinados plásticos y resinas, mientras que los PFAS agrupan sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas que han generado una atención creciente por su persistencia ambiental. La inclusión de estos parámetros responde a una tendencia normativa más amplia: vigilar no solo los contaminantes tradicionales, sino también compuestos cuya presencia puede requerir seguimiento específico por sus posibles efectos sobre la salud o el medio ambiente.
La vigilancia se extenderá también a los materiales que entran en contacto con el agua, un aspecto clave para evitar que tuberías, depósitos, revestimientos u otros elementos puedan alterar su calidad. El programa refuerza, en particular, la atención sobre instalaciones con presencia de plomo, un material asociado históricamente a redes antiguas y cuyo control forma parte de las prioridades de la normativa actual sobre agua de consumo.
El nuevo marco incluye igualmente la vigilancia de la radiactividad natural, la gestión de incidencias y la calidad del agua utilizada en la empresa alimentaria. En este último caso, el control del agua tiene una dimensión añadida, ya que puede intervenir en procesos de elaboración, limpieza o manipulación de alimentos y formar parte de las garantías sanitarias de la actividad.
La información sobre la calidad del agua se gestiona a través del Sistema de Información Nacional de Aguas de Consumo, el SINAC, una herramienta del Ministerio de Sanidad que recoge datos sobre los abastecimientos y la calidad del agua suministrada a la población. Este sistema permite centralizar la información, facilitar el control sanitario y ofrecer a la ciudadanía acceso a datos actualizados sobre el agua que consume.
El programa se plantea como un documento abierto y flexible, con capacidad para incorporar futuras actualizaciones normativas o técnicas durante su periodo de vigencia. Esa flexibilidad resulta especialmente relevante en un ámbito en el que los criterios de control evolucionan con los avances científicos, los cambios regulatorios y la aparición de nuevas sustancias o riesgos a vigilar.
Con esta actualización, la vigilancia sanitaria del agua de consumo refuerza el peso de la prevención, la coordinación entre administraciones y operadores, y el seguimiento continuado de un recurso básico para la salud pública. La clave del nuevo periodo estará en trasladar ese marco técnico a controles efectivos, información accesible y capacidad de respuesta ante cualquier incidencia que pueda afectar al suministro.
