- El suministro empezó a recuperarse durante la tarde del 15 de abril, aunque no lo hizo al mismo tiempo en todos los barrios.
- Vecinos de distintas zonas alertaron de baja presión y agua turbia en las primeras horas tras el restablecimiento del servicio.
La vuelta del agua a las viviendas de Alcalá no se produjo de golpe ni con el mismo ritmo en toda la ciudad. Después de casi dos días marcados por la ausencia total del agua, garrafas, cisternas y problemas para afrontar tareas básicas en casa, el suministro comenzó a regresar poco a poco durante la tarde del 15 de abril, con diferencias entre unas zonas y otras y con incidencias puntuales en las primeras horas de recuperación.
El episodio se produjo tras la grave avería registrada en la red general de la Mancomunidad de Aguas del Sorbe, que afectó a decenas de municipios del Corredor del Henares y dejó a Alcalá en una situación especialmente delicada por su posición dentro del sistema. Al tratarse de uno de los puntos más alejados aguas abajo, la recuperación del caudal no iba a ser inmediata, incluso una vez solucionada la incidencia principal. Esa circunstancia ya hacía prever una reposición escalonada, con más demora en los barrios más altos, más periféricos o con peor presión en la red.
Durante la tarde del miércoles empezaron a llegar los primeros signos de normalidad a algunas viviendas. En barrios como El Val, varios vecinos aseguraban contar de nuevo con agua desde alrededor de las 18:00. En otras zonas, como el Ensanche, la reposición se produjo algo más tarde, en torno a las 19:00, aunque no siempre en condiciones óptimas. Algunos residentes advertían de que el agua salía turbia o arrastraba suciedad, una situación relativamente habitual tras un corte prolongado y la posterior recarga de la red, cuando el movimiento del agua puede remover sedimentos acumulados en las conducciones.
Esa circunstancia ocasiona que se recomiende precaución en las primeras horas para su uso más esencial, como la hidratación, ya que se recomienda que al menos, pasen unas horas antes de poder hacer un consumo habitual y normalizado. Aunque el servicio se iba recuperando, no en todas las casas se percibía como una vuelta plena a la normalidad, ya fuera por el color del agua, por la presión insuficiente o por la necesidad de dejar correr el grifo antes de utilizarla con normalidad para beber o cocinar.
La situación fue todavía más lenta en otros puntos de la ciudad. En el entorno de El Olivar y Las Sedas, por ejemplo, vecinos que se ponían en contacto con este medio nos contaban que algunas viviendas seguían sin agua incluso pasada la medianoche. Esa recuperación desigual encaja con el comportamiento habitual de una red que se va llenando de forma progresiva tras una avería de gran alcance. Cuando el sistema ha quedado muy descargado, la reposición no solo depende de que el agua vuelva a entrar en la red, sino también de que se recupere la presión suficiente para alcanzar todos los puntos con estabilidad.
El impacto del corte ha ido mucho más allá de la incomodidad puntual. Durante estas horas, muchos hogares han tenido que reorganizar su rutina diaria para cocinar, asearse o limpiar, mientras supermercados y comercios veían aumentar la demanda de agua embotellada. También se activaron repartos extraordinarios de agua y dispositivos de apoyo para atender a los vecinos mientras se resolvía la incidencia. La crisis ha vuelto a poner sobre la mesa la vulnerabilidad que generan las averías de gran escala en sistemas de abastecimiento compartidos y la importancia de contar con infraestructuras capaces de responder con mayor rapidez ante este tipo de episodios.
En la mañana de este jueves 16 de abril, el escenario era ya sensiblemente mejor y el servicio parecía haberse restablecido en la mayor parte de la ciudad. Aun así, algunos alcalaínos seguían señalando pequeñas dificultades en usos cotidianos que requieren más caudal, como ducharse o realizar determinadas tareas domésticas.
Esperemos que todo esto quede al final como una anécdota y abril sea el mes nacional de falta de suministros.
