- Un repaso histórico al referéndum constitucional del 6 de diciembre de 1978 y su impacto en Alcalá de Henares.
- Contexto de la Transición, curiosidades del voto y claves para entender cómo aquel día marcó la vida política local.
La Constitución española de 1978 suele resumirse en una fecha –6 de diciembre– y en una imagen casi fija: colegios abiertos, urnas grises y una mayoría abrumadora de votos a favor. Pero detrás de esa estampa hay miles de historias locales. En ciudades como Alcalá de Henares, entonces en plena transformación industrial y demográfica, aquel referéndum fue mucho más que una cita electoral: fue la frontera simbólica entre una dictadura que se apagaba y la posibilidad real de una vida municipal democrática.
Casi medio siglo después, el aniversario de la Constitución invita a mirar más allá de los grandes titulares nacionales y preguntarse cómo se vivió aquella jornada en el día a día de los barrios y las familias. ¿Qué se debatía en las colas de los colegios electorales? ¿Qué papel tuvieron las asociaciones vecinales, las parroquias o las fábricas del Corredor del Henares? Entenderlo ayuda a comprender también por qué la política local de hoy en Alcalá es como es.
El referéndum del 6 de diciembre de 1978, aprobado con una mayoría muy amplia de votos afirmativos y una participación que rondó dos tercios del censo, cerró formalmente la etapa de la Transición y abrió la puerta a los ayuntamientos democráticos, a los estatutos de autonomía y a un nuevo reparto de poder entre Estado, comunidades y municipios. Alcalá formó parte de ese movimiento general, pero lo hizo con rasgos propios marcados por su historia universitaria, su fuerte tejido obrero y su crecimiento acelerado en los años sesenta y setenta.
España en 1978: un país entre el miedo y la esperanza
Cuando se convocó el referéndum constitucional, España llevaba apenas tres años sin Franco. En ese breve espacio de tiempo se habían encadenado la Ley para la Reforma Política, la legalización de partidos hasta entonces clandestinos, las primeras elecciones generales de 1977 y la compleja negociación del texto constitucional entre fuerzas muy diferentes ideológicamente.
En la campaña previa al referéndum, el mensaje dominante fue el de la reconciliación y la estabilidad. Los grandes partidos que habían apoyado el texto en las Cortes –UCD, PSOE, PCE y otros– pidieron el voto afirmativo como garantía de libertades, reconocimiento de autonomías y fin definitivo de la dictadura. Frente a ellos, parte de la izquierda más radical y algunos sectores de la derecha franquista llamaron a la abstención o al voto negativo, recelosos del alcance real del cambio.
Los datos nacionales reflejaron ese clima: el “sí” obtuvo un respaldo cercano al 88 % de los votos válidos, con una participación en torno al 67 % del censo. La mayoría de los españoles que acudieron a las urnas aprobaron la Constitución, aunque una parte significativa de la población optó por no votar, ya fuera por apatía, por rechazo al texto o por desconfianza hacia el proceso. Ese matiz es importante para entender que, incluso en una jornada histórica, la unanimidad no existió.
Alcalá de Henares a finales de los setenta: fábricas, barrios nuevos y universidad
En ese contexto general, Alcalá de Henares vivía su propia transición. La antigua ciudad universitaria, con un casco histórico marcado por siglos de vida académica y religiosa, se había transformado en las décadas anteriores en un importante núcleo industrial del Corredor del Henares. Miles de trabajadores procedentes de otras regiones llegaron a la ciudad para emplearse en las fábricas y llenar los nuevos barrios construidos a toda prisa.
Zonas como Reyes Católicos, Juan de Austria, El Val o los desarrollos del entorno de la carretera de Daganzo concentraban un vecindario joven, con familias que se estrenaban en la vida urbana y reclamaban servicios, transporte, colegios y centros de salud. Las asociaciones de vecinos, muchas veces surgidas al calor de esas reivindicaciones, se convirtieron en espacios de socialización y también de politización, donde se hablaba de alcantarillado y de aceras, pero también de amnistía, libertades y Constitución.
Al mismo tiempo, la recuperación de la Universidad de Alcalá y el peso del estudiantado empezaban a devolver a la ciudad parte de su carácter académico. Esa mezcla de tradición universitaria, tejido obrero y barrios en expansión hizo que el debate sobre la Constitución se viviera de manera especialmente intensa: lo que estaba en juego no era sólo el diseño abstracto del Estado, sino el margen de maniobra que tendrían los futuros ayuntamientos para responder a problemas muy concretos.
La campaña del referéndum en una ciudad media
En las semanas previas al 6 de diciembre, las calles de toda España se llenaron de carteles, mítines y hojas volanderas. Alcalá no fue una excepción. Las sedes recién abiertas de los partidos, los locales parroquiales y los centros sociales se convirtieron en improvisados foros donde se explicaba el articulado de la Constitución, se debatía sobre la monarquía parlamentaria o el papel del Ejército, y se discutía si el texto avanzaba lo suficiente en materia de derechos y libertades.
En las ciudades medias del entorno de Madrid, el mensaje a favor del “sí” tuvo un eco particular entre trabajadores industriales, empleados públicos y capas medias urbanas que veían en la Constitución una herramienta para estabilizar la democracia y evitar una vuelta atrás. A ello se sumaban los recuerdos todavía recientes de huelgas, movilizaciones estudiantiles y de episodios de violencia política que hacían que la promesa de “normalidad democrática” sonara muy atractiva.
Al mismo tiempo, no faltaron las dudas. Sectores más radicales de la izquierda criticaban que el texto mantuviera la monarquía y dejara sin depurar responsabilidades del franquismo. Desde posiciones nacionalistas periféricas, la Constitución se veía como insuficiente en materia de autogobierno. Y en ambientes ligados al viejo régimen, el discurso insistía en el riesgo de ruptura y en el peligro de que “demasiada democracia” desestabilizara el país. En medio de todo ello, la mayoría de los vecinos de Alcalá se movió entre la prudencia, la ilusión y el deseo de pasar página.
Cómo se votó: resultados y matices
A nivel nacional, el referéndum dejó una foto muy clara: victoria amplia del “sí”, minoría del “no” y una abstención relevante. La provincia de Madrid, de la que forma parte Alcalá de Henares, se situó entre las zonas con mayor apoyo al texto constitucional, con un porcentaje de voto afirmativo superior al 85 % de los votos emitidos. Eso coloca a la región en la franja alta de respaldo dentro del mapa español.
Los datos oficiales del referéndum se publicaron por provincias y no siempre es sencillo reconstruir al detalle el comportamiento de cada municipio. Sin embargo, por su tamaño, su estructura social y su peso dentro del cinturón metropolitano madrileño, todo apunta a que Alcalá se movió en cifras muy próximas a la media provincial: alta participación para los estándares de la época y apoyo mayoritario al “sí”. En muchos hogares se vivió la jornada como una especie de examen colectivo sobre la capacidad del país para convivir en democracia.
Conviene recordar, además, que el apoyo tan amplio al texto constitucional no implicaba adhesión incondicional a cada uno de sus artículos. Para buena parte de la ciudadanía, el voto afirmativo fue una forma de respaldar un marco democrático básico, con la expectativa de que más adelante se podrían mejorar leyes, desarrollar estatutos de autonomía o reformar aspectos concretos de la Carta Magna. En ese sentido, el referéndum fue tanto un punto de llegada como un punto de partida.
Del referéndum a los primeros ayuntamientos democráticos
Uno de los efectos más visibles de la aprobación de la Constitución fue la convocatoria de elecciones municipales democráticas en 1979. Por primera vez desde la Segunda República, los vecinos pudieron elegir libremente a sus concejales y alcaldes. En ciudades como Alcalá, donde el movimiento vecinal había sido muy activo en los años previos, aquel paso se vivió como la oportunidad de llevar al Ayuntamiento las reivindicaciones acumuladas: urbanismo más ordenado, equipamientos en los barrios y políticas sociales básicas.
Las nuevas corporaciones locales nacieron con un mandato claro: traducir a la escala municipal los principios de participación, descentralización y derechos recogidos en la Constitución. En Alcalá, como en muchas otras ciudades de la Comunidad de Madrid, las primeras décadas democráticas trajeron planes de vivienda, mejora de infraestructuras, recuperación del casco histórico y una presencia mucho más intensa de la ciudadanía en la vida política cotidiana.
Ese vínculo entre Constitución y municipalismo suele pasar desapercibido cuando se habla del aniversario constitucional. Sin embargo, para el vecino que vio asfaltarse su calle, abrirse un centro de salud o ponerse en marcha una escuela infantil en los años ochenta, la democracia se hizo tangible precisamente en el ámbito local. Y todo ello descansaba, en última instancia, sobre el marco jurídico aprobado en 1978.
Curiosidades y claves para entender el referéndum del 78
El referéndum constitucional acumula también un buen puñado de curiosidades que ayudan a mirarlo con otros ojos, especialmente desde una ciudad como Alcalá de Henares, acostumbrada a leer la historia en clave local:
- La pregunta de la papeleta era extremadamente sencilla: “¿Aprueba el Proyecto de Constitución?”. No se aludía a monarquía, autonomías ni otros elementos potencialmente polémicos.
- El respaldo casi unánime del “sí” entre quienes votaron contrasta con el hecho de que, si se tiene en cuenta la abstención, el porcentaje de personas que apoyaron activamente la Constitución sobre el total del censo fue sensiblemente menor.
- Muchos ciudadanos acudieron a votar en los mismos colegios donde, pocos años después, se instalarían las mesas de las primeras elecciones municipales democráticas. Para algunos, fue la primera vez en su vida que metían una papeleta en una urna.
- En el debate público de la época casi no aparecía la palabra “régimen del 78”, tan frecuente hoy. Se hablaba, sobre todo, de paz, libertades, Europa y futuro para las nuevas generaciones.
Vista desde Alcalá, otra curiosidad es la manera en que la Constitución y la transición coinciden con el gran salto urbano de la ciudad. Mientras se discutía el articulado en Madrid, los barrios complutenses seguían creciendo, el tráfico aumentaba en torno a la Nacional II y la vida universitaria comenzaba a recuperar peso. La democracia llegaba a la vez que llegaban nuevas promociones de viviendas, nuevas aulas y nuevas formas de organización vecinal.
La Constitución y Alcalá hoy: memoria viva más que documento lejano
Cuarenta y tantos años después, para muchos vecinos la Constitución de 1978 no es tanto un texto jurídico lejano como el telón de fondo de su biografía. Quienes hicieron cola en los colegios electorales de Alcalá aquel 6 de diciembre han visto cómo la ciudad cambiaba de tamaño, de color político y de perfil económico sin que se quebrara el marco básico de derechos y libertades surgido entonces.
Al mismo tiempo, el debate sobre la reforma constitucional, el encaje de las autonomías o la calidad de la democracia ha ido ganando presencia, también en la conversación local. Las nuevas generaciones, nacidas ya en democracia, miran el texto con otros ojos y se preguntan qué debe mantenerse, qué puede actualizarse y cómo hacer que principios como la igualdad, la participación o la cohesión territorial sigan teniendo sentido en el siglo XXI.
Para Alcalá de Henares, recordar cómo se vivió el referéndum de 1978 es una forma de reconocerse como ciudad que atravesó la transición con una mezcla de prudencia y entusiasmo, y que supo aprovechar el nuevo marco para recuperar su patrimonio, reforzar sus servicios públicos y consolidarse como referencia cultural y universitaria en la Comunidad de Madrid. Más allá de las polémicas del presente, ese hilo histórico ayuda a entender por qué, cuando se habla de Constitución, no se habla sólo de un libro, sino también de calles, plazas y barrios muy concretos que empezaron a cambiar aquel día.










