- El 92,63% de los alumnos examinados en la fase de acceso en la UAH ha superado la convocatoria ordinaria.
- La preinscripción universitaria estará abierta hasta el 26 de junio y la convocatoria extraordinaria llegará a finales de mes.
Hay cifras que resumen mucho más que un resultado académico. Detrás de cada nota de la PAU hay semanas de estudio, nervios acumulados, familias pendientes del teléfono y miles de estudiantes que, en apenas unos días, pasan de preparar exámenes a decidir qué camino universitario quieren seguir. En Alcalá de Henares, ese salto hacia la universidad ha vuelto a tener este año una de sus principales referencias en la Universidad de Alcalá, donde más de 5.300 alumnos se matricularon para realizar la fase de acceso.
La convocatoria ordinaria de la Prueba de Acceso a la Universidad 2026 ha dejado en la UAH 4.908 estudiantes aptos en la fase de acceso, el bloque de materias comunes que sustituye al antiguo tramo obligatorio. En total, 5.331 alumnos se habían matriculado para examinarse en la universidad alcalaína y 5.298 llegaron finalmente a presentarse, lo que supone una participación del 99,38%. Con estos datos, el porcentaje de aprobados entre quienes realizaron la prueba en la UAH se sitúa en el 92,63%.
El resultado sitúa a la Universidad de Alcalá dentro del balance general de las seis universidades públicas madrileñas, que han presentado este 11 de junio en la propia UAH los datos de la convocatoria ordinaria. En el conjunto de la Comunidad de Madrid, el 95,1% de los estudiantes que se presentaron a la PAU ha aprobado, lo que equivale a 34.921 jóvenes aptos para continuar el proceso de acceso a la universidad.
La presentación de los resultados tuvo lugar en una rueda de prensa encabezada por el vicerrector de Estudios Oficiales de la UAH, Javier Acevedo, acompañado por representantes de las universidades públicas madrileñas y de la Comunidad de Madrid. La elección de Alcalá como sede de este balance refuerza el papel de la UAH dentro del sistema universitario regional, tanto en la organización de las pruebas como en el proceso de admisión que se abre ahora para miles de estudiantes.
Los resultados por ramas mantienen una tendencia similar a la de años anteriores. Ciencia y Tecnología vuelve a registrar los mejores datos, con un 97% de aptos, mientras que en Humanidades y Ciencias Sociales el porcentaje se sitúa en el 91,5%. En la fase general, el dato baja hasta el 83,8%, una diferencia que refleja el distinto comportamiento de los itinerarios académicos y de las materias que cada estudiante incorpora a su nota de acceso.
La PAU de este año ha reunido en la Comunidad de Madrid a 42.047 estudiantes matriculados en alguna de sus fases, un 4,74% más que el año pasado. De ellos, 38.519 se inscribieron en la fase de admisión, destinada a mejorar la nota para acceder a determinados grados, y 36.864 lo hicieron en la fase de acceso. La mayoría procedía de Bachillerato, con 34.984 alumnos, mientras que 3.535 llegaron desde Formación Profesional.
La publicación de las calificaciones no cierra el proceso, sino que abre una nueva etapa. Los estudiantes que han superado la prueba podrán formalizar su preinscripción universitaria hasta el 26 de junio, un trámite clave para ordenar sus preferencias y competir por una plaza en los grados elegidos. Quienes no hayan obtenido el resultado esperado tendrán una nueva oportunidad en la convocatoria extraordinaria, prevista para los días 30 de junio, 1 y 2 de julio.
En ese horizonte inmediato también entra en juego la oferta académica de la Universidad de Alcalá, que para el próximo curso contará con más de 3.800 plazas en centros propios. Entre las novedades figura el grado en Industrias del Español y sus Culturas, una titulación que la UAH impartirá conjuntamente con la Universidad de Granada y que se incorpora a una oferta marcada por el peso de Alcalá como ciudad universitaria y patrimonial.
La convocatoria también ha dejado otros datos relevantes más allá de los aprobados. Las universidades madrileñas han registrado 4.891 solicitudes de adaptación, el 11,8% del total de matriculados. Según explicó Javier Acevedo, este tipo de solicitudes ha aumentado aproximadamente un 360% desde 2020, un crecimiento que obliga a reforzar la organización de las pruebas para garantizar que el alumnado con necesidades acreditadas pueda examinarse en igualdad de condiciones.
Otro de los elementos destacados de esta PAU ha sido la incorporación, por primera vez en las seis universidades públicas madrileñas, de detectores de radiofrecuencia para prevenir posibles fraudes académicos. La medida se ha aplicado ante la proliferación de dispositivos electrónicos cada vez más discretos y difíciles de detectar en un control visual ordinario.
Acevedo valoró positivamente el funcionamiento de este sistema y defendió que el mensaje trasladado al alumnado fue claro: no se tolera el fraude. Según explicó, los controles se realizaron de forma aleatoria y efectiva, sin alterar el desarrollo normal de los exámenes. La herramienta permite detectar móviles encendidos u otros dispositivos no visibles a simple vista mediante una señal que avisa al personal responsable del aula.
El protocolo previsto mantiene la realización de la prueba incluso en caso de sospecha. Si el personal del aula no puede determinar con claridad a quién pertenece el dispositivo detectado, se marca el examen y el estudiante continúa, de forma que se preserva la presunción de inocencia mientras se siguen los pasos establecidos. La medida busca combinar la seguridad de la convocatoria con el respeto a las garantías del alumnado.
La nota más alta de la convocatoria ordinaria en la fase de acceso en Madrid ha sido para un estudiante del Miraval International School, con una Calificación de Acceso a la Universidad de 9,99. Le siguen tres estudiantes del IES Ramiro de Maeztu, el IES Laguna Joatzel y el Colegio Amanecer, con 9,98; un estudiante del Colegio Miramadrid, con 9,97; y otro del Colegio Enriqueta Aymer, con 9,96.
Más allá de los nombres y los porcentajes, la PAU vuelve a funcionar como una frontera simbólica entre dos etapas. Para miles de jóvenes madrileños, y también para los más de 5.000 que se examinaron en la Universidad de Alcalá, las calificaciones conocidas ahora no son solo el cierre de un curso intenso, sino el punto de partida de una decisión que marcará sus próximos años.







