- El camposanto nació por la necesidad de trasladar los enterramientos fuera de iglesias y del casco urbano.
- Su trazado, sus panteones y sus sucesivas ampliaciones forman parte del patrimonio histórico de Alcalá.
El Cementerio Municipal de San Roque, conocido popularmente como Cementerio Viejo, es uno de los espacios que mejor conservan distintas etapas de la historia de Alcalá de Henares. Fue construido en 1834 con fondos municipales, en el contexto de las reformas sanitarias que promovieron los enterramientos fuera de las iglesias y del casco urbano.
El Ayuntamiento eligió un terreno próximo al antiguo camino de Ajalvir, cerca del río Camarmilla y de la ermita de San Roque, de la que procede su nombre. El diseño original era geométrico: cuatro cuadrantes organizados mediante dos caminos que se cruzaban y una capilla como elemento central del conjunto.
El crecimiento de la población obligó a ampliar el recinto durante los siglos XIX y XX. La historia municipal documenta intervenciones tempranas y destaca la transformación impulsada por el arquitecto Martín Pastells entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, cuando el cementerio adquirió buena parte de su fisonomía histórica.
Los panteones, monumentos y esculturas funerarias conservados ofrecen también información sobre las familias, los oficios y los cambios sociales de Alcalá. Su valor va más allá del uso funerario: el recinto alberga testimonios arquitectónicos y artísticos vinculados a distintas épocas de la ciudad.
Con motivo de Todos los Santos, el lugar vuelve a ocupar un papel central en el recuerdo de familiares fallecidos. La web municipal reúne documentación sobre su origen, fotografías e información práctica para quienes desean conocer este patrimonio desde una perspectiva histórica.










