- El conjunto fue residencia fortificada de los arzobispos de Toledo y se transformó durante el Renacimiento.
- Un incendio en 1939 destruyó una parte importante del edificio, cuyos restos se investigan y conservan.
El Palacio Arzobispal de Alcalá de Henares fue durante siglos uno de los edificios más importantes de la ciudad. Lo que hoy se reconoce por sus murallas y su proximidad al casco histórico comenzó a tomar forma como una residencia fortificada de los arzobispos de Toledo y terminó convertido en un palacio renacentista de gran relevancia.
Según la documentación patrimonial de la Comunidad de Madrid, el origen del conjunto se remonta al comienzo del siglo XIII, cuando el arzobispo Rodrigo Ximénez de Rada impulsó unas casas arzobispales. Con el paso del tiempo, las construcciones se integraron en una fortaleza rodeada por un recinto amurallado que también podía servir de refugio a la población.
Los arzobispos posteriores fueron ampliando las defensas y modificando el interior. Durante los siglos XV y XVI, el abandono progresivo de la función militar permitió transformar el antiguo alcázar en un palacio urbano, con actuaciones de prelados como Alonso de Fonseca y Juan Pardo.
En el siglo XIX el edificio pasó a funcionar como Archivo General Central del Reino. Su historia dio un giro en 1939, cuando sufrió un incendio que destruyó buena parte de sus dependencias. En los años posteriores, el conjunto padeció además episodios de expolio y pérdida de elementos arquitectónicos.
Las actuaciones arqueológicas y patrimoniales han permitido recuperar espacios y explicar la evolución del recinto. El Antiquarium y el Paseo Arqueológico muestran restos de la antigua fortaleza y ayudan a entender por qué el Palacio Arzobispal sigue siendo una pieza esencial de la historia de Alcalá.










