- La tradición sitúa el martirio de Justo y Pastor en el año 304, cuando decidieron proclamar su fe ante el poder romano.
- Su recuerdo atraviesa siglos de historia y sigue muy presente en la vida cultural, religiosa y simbólica de Alcalá.
Pocos relatos han atravesado los siglos con tanta fuerza en Alcalá de Henares como el de Justo y Pastor. Dos escolares, apenas niños, que desafiaron al poder imperial en nombre de su fe y cuya muerte, ocurrida hace más de mil setecientos años, sigue latiendo en el corazón de la ciudad.
La tradición cristiana sitúa su ejecución en el año 304, durante las duras persecuciones religiosas del emperador Diocleciano. Tenían siete y nueve años. La historia cuenta que, al conocer el destino de los cristianos de su entorno, decidieron presentarse voluntariamente ante el juez Daciano para proclamar su fe. Fueron ejecutados extramuros de la ciudad romana de Complutum, en un punto que hoy corresponde a la cripta de la Catedral Magistral.
En el siglo V, el obispo Asturio de Toledo, según fuentes eclesiásticas, habría tenido una revelación que le llevó a localizar los restos de Justo y Pastor en Complutum. Tras ordenar excavar el terreno, se levantó una primera basílica en su honor. Era el inicio de un culto oficial que convertiría a los Santos Niños en figuras centrales del cristianismo hispano.
Con el paso de los siglos, el relato fue ganando presencia en la tradición cristiana. En el siglo VII, san Ildefonso de Toledo recogió por escrito la historia de los mártires complutenses, que muchos identifican como Justo y Pastor. Antes que él, san Isidoro de Sevilla ya había difundido referencias a estos jóvenes que desafiaron al imperio, reforzando su imagen como ejemplo de valentía y fe en todo el territorio hispano.
Siglos después, el cardenal Cisneros retomaría ese legado con una visión más amplia. En el siglo XV, impulsó la construcción de la iglesia que hoy conocemos como Catedral Magistral, erigida sobre la cripta original. Única en España junto a la de Lovaina con el título de «magistral», la iglesia reforzaba la vocación intelectual, religiosa y reformadora de una Alcalá que empezaba a mirar al Renacimiento.
Más de 1.700 años después, la ciudad sigue mirando a los Santos Niños como símbolo de identidad. Cada 6 de agosto se celebra su festividad con misas solemnes, procesiones y actividades que combinan lo litúrgico y lo popular. Peñas, hermandades y asociaciones vecinales participan de unos actos que han trascendido lo religioso para convertirse en una expresión colectiva de pertenencia.
Justo y Pastor también perviven en el día a día de la ciudad. Su imagen está presente en el escudo municipal, en los nombres de colegios, calles, parroquias y entidades. Son parte del imaginario alcalaíno, una referencia constante que une pasado y presente.
Hoy, siglos después de su muerte, Justo y Pastor no solo habitan los libros de historia o los templos religiosos: siguen presentes en la memoria colectiva de Alcalá. Su legado, tejido entre la fe, la tradición y el arraigo local, continúa siendo un espejo en el que la ciudad se reconoce.
